Estaba Dios sentado en su trono
en el cielo, miró hacia un lado y me dijo “Luis, ya es hora de que vayas a
experimentar ese mundo, que aprendas y que cumplas tu misión, luego, cuando lo
hayas logrado, regresa acá y cuéntame todo detalladamente, eso si, anda y ama,
y regresa con las manos tan llenas de estos dones que te he dado, tan usados como
te sea posible.”, entonces cuando Dios me brindó esa oportunidad de hacerlo: yo
estaba listo para nacer.
Me estaba enviando a conocer y
vivir esta vida con grandes metas por cumplir y con grandes pruebas para
superar, llena de increíbles aventuras que muchos tan solo sueñan y que Él ya
había preparado camino para que yo pudiera tenerlas al alcance. EL sabía que no
iba a ser sencillo, ni fácil, pero que tenía que ser así para cumplir un
propósito que EL tenía para mi.
Entonces me aliste, preparé todo,
y justo antes de que yo iba a dar el salto para venir, Dios me detuvo… se quedó
pensativo un momento y me dijo “Luis, hay algo importante que debes saber…”, ¿Qué
Señor, dime?, “El asunto aquí es, querido Luis, que no va a ser nada fácil, es
más… va a ser muy difícil, tendrás que ir cuesta arriba con muchas cosas casi
todo el tiempo, pasarás momentos de sufrimiento y dolor, tendrás limitaciones y
debilidades. También habrán cosas muy bonitas, pero tendrás que luchar para
conseguirlas, pues el mundo es muy complejo, difícil y cruel; así como te he
creado, así como vas tu para allá, te será
más difícil aún, te rechazarán, te harán a un lado, te humillarán y se burlarán
de ti, y todo esto pasará desde muy temprano en la mañana hasta ya quizás medio
día”.
Dios me miró un poco preocupado, con
sus ojos tiernos y su rostro brillante como siempre, lleno de amor. Yo lo miré
y me entró un miedo enorme, me puse a sudar y muy nervioso le dije: Señor: ¿Será
que puedes darme una manita para poder salir adelante con esto? EL sonrió enormemente
y me dijo: “¡Pues claro que si querido hijo mio! Te prometo que nunca estarás
solo, YO personalmente te acompañaré toda tu vida tomado de tu mano, caminaré a
tu lado y te alzaré para cruzar, pondré gente buena cerca, te enviaré dos ángeles
para que tu los cuides y uno celestial para que te cuide a ti” Yo le dije: ¡Gracias
Señor por ser tan bueno conmigo! Eso definitivamente me dio confianza.
Pero Dios no conformándose con
solo enviarme a nacer así como soy y con todo lo que me había dicho y prometido,
me dijo algo más, me dijo: “Luis, además de eso te daré un regalo muy especial:
te enviaré una persona maravillosa que te cuidará todo el tiempo, te protegerá
y rezará por ti siempre, te levantará cuando caigas, cuando se burlen de ti te
abrazará, cuando te minimicen te dirá tus fortalezas y virtudes, cuando llores
te consolará, y cuando llegues a medio día te dirá “así como eres, así te amo,
sigue adelante” y te apoyará siempre.
Yo le dije: Señor: ¿Cómo alguien
que no me conoce puede ser tan buena persona conmigo? ¿Cómo alguien que no sabe
como yo soy y voy a ser puede aceptarme tal como me has hecho?, ¿Cómo alguien
puede amarme teniendo yo tantas complicaciones?. Una vez más, Dios sonrió y me
miró directamente a los ojos y me dijo: “Querido Luis, hijo mio, ¡eso es lo
maravilloso de esta persona tan especial que te voy a dar!, tu le honrarás y respetarás”.
Yo le pregunté, Señor: y ¿cómo se
llama esa persona?, Él me dijo: ”Se llama Lidiette, la gente le dice Yeti, pero
tu Luis, tu le dirás: mamá”. Entonces sonreí
y muy confiado ¡salté!: fue ahí cuando nací.
Hoy mi mamá está de cumpleaños y
aunque ya pasó el medio día, ella sigue acá acompañándome en mi camino,
recordándome que siempre se puede seguir adelante, que tengo su apoyo y el de
muchos más y que poco a poco las cosas van mejorando.
Gracias mamá por haberle dicho a
DIOS que SI me aceptabas como tu hijo, así tal y como soy, con mis virtudes y
defectos, con mis fortalezas y debilidades, ¡con todas y cada una de mis cosas!
Yo te estaré eternamente agradecido. ¡Feliz Cumpleaños! ¡Te amo, mamá!
Tu hijo, Luis.
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